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Doña Celofán


Mr Cellophane
(versión para mujer) 

Si de repente entre la gente alguien
Comienza a gritar como un loco
Y agita las manos
Y mueve los pies…
… ¡le miraréis!

Si alguien en el cine a vuestro lado
Chilla: "¡Fuego! ¡Me estoy quemando!
¡Vamos a morir achicharrados!"
… ¡le miraréis!

E incluso sin tener que cacarear
Cualquiera es escuchado alguna vez
A menos que ese alguien resulte ser
Invisible, intrascendente…
… ¡yo!

Celofán
Doña Celofán
Tengo el nombre mal
Doña Celofán
Porque podéis mirarme
E incluso tocarme
Y no sabéis quién soy

El demonio y la bollera

The Dyke and the Dybbuk, de Ellen Galford


Traducción de Paula Zumalacárregui Martínez



Esta es una obra de ficción. Todas las personas, sectas religiosas y entes del inframundo son puramente imaginarios, y cualquier parecido con la realidad (críticos de cine, taxistas, demonios y fundamentalistas) es pura coincidencia.


1. Antes del comienzo

Si el planeta Tierra se sale mañana de su eje, echadle la culpa a Rainbow Rosenbloom.

Si nos abofetea un asteroide errante, nos engulle un agujero negro o nos envenena un líquido que se filtre por esta capa de ozono nuestra hecha jirones, no dudéis en cargarle el muerto a ella.

Por el deshielo de los casquetes polares, la desaparición del leopardo de las nieves y la acidez de los mares, Rainbow tiene que pagar el pato.

¿Que no es justo? Bueno, la vida tampoco.

Estas son las normas básicas: hay 613 mandamientos que cualquier judío que habite el mundo en cualquier época tiene que cumplir obligatoriamente. Romper aunque solo sea uno de ellos trastorna el universo y desbarata por completo la Creación. Al más puro estilo efecto mariposa.

Menuda herencia de culpabilidad, ¿no? Falsas acusaciones de infanticidio, propagación de plagas y una ejecución política en la Judea romana parecen menudencias en comparación.

Fijaos en Rosenbloom: treinta y tantos años, aficionada a los frutos prohibidos y sin una falda en el armario ni un marido en la cama.

Al no casarse, Rainbow ha hecho algo peor que escabullirse con engañifas de una fiesta familiar: se ha burlado de la ley, establecida en el Levítico. La forma que tiene Rainbow de vivir y de amar —cuando se presenta la oportunidad, cosa que no ha ocurrido últimamente— implica actos inenarrables que se pueden comparar con el de arrojar al fuego a los propios hijos en sacrificio a Baal.

Y, hablando de hijos, se ha saltado a la torera la obligación por antonomasia de las mujeres judías: ser fecundas y multiplicarse para repoblar la tribu. No ha hecho nada por reponer las legiones que en los últimos tiempos se han precipitado por un agujero en la historia.

Rainbow no ha pisado una sinagoga en veinte años; en lugar de eso, la encontraréis en el cine. Como crítica para la revista Outsider, la publicación de la cultura gay y lésbica más importante a nivel europeo, ha transformado su pasión por los ídolos en una vocación.

Pero ¿qué clase de trabajo es ese para una Buena Joven Judía?

Mucha diversión, un poco de gloria, pero se cobran cuatro bubkes (cuatro perras, como diríais por allí).

Y por eso en estos momentos la encontramos conduciendo un taxi por las calles de Londres. Tampoco es que sea la típica ocupación de una B.J.J., pero tal vez satisfaga cierto anhelo nómada, innato en esta hija de una tribu errante.

Pero basta ya de chismorreos. Estamos a punto de parar su taxi.