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Parad los relojes…

Parad los relojes, cortad el teléfono,

engañad con un hueso el ladrido del perro;

acallad los pianos y, con tambores sordos,

que se acerquen los dolientes cuando traigan el féretro.



Dejad que los aviones se lamenten

dibujando en el aire el mensaje “Él ha muerto”;

teñid con crespones los blancos cuellos de las palomas

y que hasta los guardias calcen guantes de algodón negro.



Él era mi norte, mi sur, mi este y oeste;

mi semana de trabajo y mi domingo de descanso;

mi mediodía, mi madrugada, mi voz y mi canción.

Creí que el amor era eterno: estaba en un error.



No se necesitan ya estrellas, extinguidlas una a una;

desenroscad el sol y meted en un saco la luna,

vaciad los océanos y arrasad los bosques

porque ya no hay para mí felicidad futura.

W. H. Auden, traducción de Paula Zumalacárregui

Lady Lázaro

Lo he hecho otra vez.
Un año de cada diez
lo consigo:

una especie de milagro andante, mi piel
brillante como la pantalla de una lámpara nazi,
mi pie derecho

un pisapapeles,
mi rostro un rico paño judío,
un lino sin rasgos.

Despega la tela,
ah, enemigo mío.
¿Te doy miedo acaso?:

Solo en compañía

la carne cubre el hueso
y ponen un cerebro
y a veces
también un alma allí dentro,
y estrellan las mujeres
jarrones contra la paredes
y los hombres beben
demasiado
y nadie encuentra
a ese alguien
pero siguen
buscando
metiéndose en camas
ajenas.
la carne cubre
el hueso y
la carne busca
algo más que
la carne.

Por qué amo tu cuerpo

pongo tu cuerpo
  entre el mío
    y el historial de los horrores

tu dulce lengua
serpentea entreabriéndome los labios

tu amplio pecho
golpea maduro contra mis costillas

tus delgadas piernas se enredan
con las mías, vides gemelas

tu cremosa humedad
se me escurre entre los dedos

Ariel

Estatismo en las sombras.
Entonces, el azul torrente sin sustancia
de los riscos y las distancias.

Leona de Dios,
¡cómo nos fundimos en uno,
pivote de rodillas y talones! El surco

se agrieta y avanza, hermano
del arco pardo del cuello
en el que no encuentro agarre.

Las bayas con ojos de negro
lanzando anzuelos
oscuros:

On this Day… (fragmento)

No se conmoverá esta vez mi corazón,
puesto que de conmover ha cesado;
aun cuando no pueda ser amado
¡permitidme que ame yo!

Caducan mis días como hoja de estío,
y no quedan ni flores, ni frutos ni Amor:
los gusanos, el cancro y el dolor
¡son únicamente míos!

El fuego que en mi interior crepita
solo está cual isla volcánica;
ninguna antorcha prende con su llama:
¡una pira funeraria!

La esperanza, el miedo, el celoso cuidado,
la gran copa de mi dolor exaltado
y el poder del Amor compartir no puedo;
solo resta vivir encadenado.
(…)

Lord Byron, traducción de Paula Zumalacárregui Martínez